lunes, enero 17, 2011

E N E R O.

El antiguo calendario romano tenía diez meses, desde marzo hasta diciembre, seis de treinta días y cuatro de treinta y un días, lo que daba un total de trescientos cuatro, más un lapso invernal de unos sesenta días durante el cual no se registraba la fecha.

Según la tradición, el segundo rey de Roma, Numa Pompilio, estableció en el siglo VIII a. de C. los meses de enero y febrero.

Enero —en latín, Januarius—, con treinta y un días, fue creado en homenaje al dios Jano, que regía las entradas y los comienzos, y pasó a ser el primer mes del año, desplazando a marzo, pues los cónsules se elegían en enero.

(La Palabra del Día)

viernes, diciembre 24, 2010

jueves, diciembre 09, 2010

B A B E L.

Sustantivo femenino invariable formado a partir del latín bíblico Babel, el que a su vez provenía del hebreo bavel, que significaba 'confusión'.

En latín, Babel era un nombre propio indeclinable usado a veces como sinónimo de Babylonia, nombre de la ciudad donde se irguió la torre cuyos obreros se confundieron por hablar lenguas diferentes, o también para designar a la propia torre.


En las lenguas modernas, babel es un nombre común que significa "lugar en que hay gran desorden y confusión o donde hablan muchos sin entenderse" o también "desorden y confusión".

En español se ve frecuentemente escrito con mayúscula, como en este ejemplo de la novela Palabras en juego, de la autora paraguaya Yula Riquelme de Molinas:


De no ser así, aún estaría maldiciendo en su silla de ruedas la Babel que nos rodea.

(La Palabra del Día)

sábado, noviembre 06, 2010

L U N A.

El nombre de nuestro satélite nos viene del latín luna, contracción de lucina, una forma del verbo luceo, lucere 'brillar', 'iluminar'. El verbo latino luceo provenía de la raíz indoeuropea leuk- 'brillar', 'iluminar'.

Muchas palabras de nuestra lengua derivan del nombre del astro, que los griegos llamaban Selene.
Así, lunar es el nombre de una mancha oscura y más o menos redonda en la piel; aunque no se sabe con certeza si se llamó así porque su redondez recordaba la de la Luna o porque se creía que el lunar era causado por la influencia del astro sobre el niño aún en el seno de su madre.

Esta segunda hipótesis parece ser la preferida por Corominas, quien cita un pasaje de Suetonio en el que se dice que Augusto nació con varias manchas sobre el cuerpo en la forma, orden y número de las estrellas de la Osa Mayor.
Este etimólogo señala que sobre esta base puede haberse asentado la creencia del influjo de la Luna sobre la aparición de los lunares.

No se detienen allí las creencias acerca del efecto de la Luna sobre los hombres: lunático es el que padece locura no permanente, sino por intervalos, como las fases de la Luna.
Y no olvidemos la luneta, el pequeño cristal redondo que es la parte principal de los anteojos, y, también, la platea del teatro, que tiene forma de media luna.
Ni el lunarejo, el animal llamado así porque tiene en su pelaje manchas que recuerdan lunares.
Ni el lunes, el primer día de la semana, que tomó su nombre del latín dies lunae 'día consagrado a la Luna'.

(La Palabra del Día)

lunes, octubre 25, 2010

M A R I P O S A.

El nombre castellano de la mariposa, de historia tan colorida como sus alas, proviene de antiguas canciones y dichos infantiles que se referían a algunas de las ciento sesenta mil especies de insectos conocidos con ese nombre y las llamaban a posarse con versos tales como "María pósate, descansa en el suelo".


Los ingleses prefirieron llamarlas butterfly 'mosca de la manteca', un nombre parecido al que le dieron los alemanes, Milchdieb 'ladrona de leche'; los franceses, papillon, del latín papilione, y los portugueses, borboleta, del antiguo belbellita, formado a partir del adjetivo latino bellus 'bueno', 'bonito'.

(La Palabra del Día)

jueves, octubre 21, 2010

QUERID@S AMIG@S

ESTUVE 15 DÍAS SIN COMPUTADOR.

UN DÍA MURIÓ.

SE SALVÓ EL DISO DURO, PERO NADA DE LO QUE YO TENÍA.

PERDÍ TODO.

AHORA VOLVERÉ AL BLOG Y A MIS PALABRAS.

CARIÑOS A TOD@S. MNB.

martes, septiembre 28, 2010

P I Z Z A.

El nombre de este plato italiano proviene del antiguo germánico bizzo, que significaba 'morder' y 'bocado' (cantidad de alimento que se puede tomar con una mordida).
En su forma original, la pizza se compone de un pan de forma circular y achatada, cubierto con queso de tipo mozzarella, tomates y aceite de oliva.
Al extenderse por Italia a lo largo del siglo XIX, algunas características del plato fueron cambiando: al llegar a Roma sustituyó el tomate por cebolla y aceitunas y en la Lombardía se enriqueció con anchoas, entre otras modificaciones.
A comienzos del siglo XX, la pizza cruzó el océano y llegó a Buenos Aires, donde la masa se hizo más gruesa, y a Nueva York, donde se le añadió un variopinto conjunto de ingredientes: rebanadas de salchichas, panceta, camarones y trozos de ají.
Sin embargo, fue sólo a mediados del siglo pasado, después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el antiguo alimento napolitano conquistó el mundo.

En el Diccionario de la Academia, pizza aparece escrito con doble z y en bastardilla, indicando que se trata de una palabra que aún no ha sido españolizada.

(La Palabra del Día)